Son
títulos que representan parte del capital social de una empresa que son
colocados entre el gran público inversionista a través de la BMV para obtener
financiamiento. La tenencia de las acciones otorga a sus compradores los
derechos de un socio.
El rendimiento
para el inversionista se presenta de dos formas:
-Dividendos
que genera la empresa (las acciones permiten al inversionista crecer en
sociedad con la empresa y, por lo tanto, participar de sus utilidades).
-Ganancias de capital, que es el diferencial -en su caso- entre el precio al
que se compró y el precio al que se vendió la acción.
El plazo en este valor no existe, pues la decisión de venderlo o retenerlo reside
exclusivamente en el tenedor. El precio está en función del desempeño de la
empresa emisora y de las expectativas que haya sobre su desarrollo. Asimismo,
en su precio también influyen elementos externos que afectan al mercado en
general.
El inversionista debe evaluar cuidadosamente si puede asumir el riesgo
implícito de invertir en acciones, si prefiere fórmulas más conservadoras, o
bien, una combinación de ambas. De cualquier forma, en el mercado accionario
siempre se debe invertir con miras a obtener ganancias en el largo plazo, ya
que -junto con una buena diversificación- es el mejor camino para diluir las
bajas coyunturales del mercado o de la propia acción.
La asesoría profesional en el mercado de capitales es indispensable, ya que los
expertos tienen los elementos de análisis para evaluar los factores que podrían
afectar el precio de una acción, tanto del entorno económico nacional e
internacional (análisis técnico) como de la propia empresa (análisis
fundamental: situación financiera, administración, valoración del sector donde
se desarrolla, etcétera).